0
“El mundo parece haber tomado el camino de la barbarie, nos han quitado derechos y recursos, pero sobre todo nos han quitado las palabras. Libertad, justicia, solidaridad, amor, alegría, ya no significan, les han quitado su significado y las han llenado de ruido y basura para que no sepamos qué somos. Hoy más que nunca es necesario volver a la poesía para oír palabras verdaderas y amortiguar la mentira de los discursos”. Todo esto sostiene José María Guijarro, un artista cuya caligrafía se asemeja al tailandés antiguo.

El pasado 10 y 11 de octubre se presentó el Festival de Poesía Visual 2014 en La Casa de Quevedo en Torre de Juan Abad, Ciudad Real. Se trató de un programa multidisciplinar consistente en dos performances y dos exposiciones. Una iniciativa de un grupo de amigos que trabajan en el ámbito del arte: la coreógrafa y bailarina de Corea del Sur, Soo Jin Yim-Heil, el escritor y crítico de arte alemán Heinrich-Heil, y el escultor español José María Guijarro.

El programa 2014 giró en torno a dos temas. Uno es el drama de la migración a la que se ven empujados millones de seres humanos, nacidos en las zonas más pobres del planeta y que huyen de la pobreza. Es el motivo de una performance (Próxima Estación) que se realizó en medio de una instalación de esculturas, y que se estrenó en Burgos 2010. El otro tema de este Festival es el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, desde el punto de vista del dolor y el destrozo del humano, sea cual sea la nacionalidad del combatiente, y materialmente se desarrolla con otra performance (Souvenirs), un videomontaje y unas esculturas de madera.

Se da la circunstancia de que Souvenirs que estrenó La Casa de Quevedo, se representará el 20 de noviembre de 2014 en el Instituto Heinrich de Düsseldorf, que, interesado en este Festival de Poesía Visual, quiere coproducir con La Casa de Quevedo, los próximos programas de este Festival, que se representaría en todo o en parte de ambas instituciones.

El director de La Casa de Quevedo, José María Lozano, citó en su discurso de apertura del Festival que “el hombre destruye al hombre, pero también crea belleza”. Una magnífica frase que acabó convirtiéndose en algo premonitorio de lo que los espectadores iban a presenciar en los dos días de festival. La noche del viernes nos dejamos llevar con los movimientos de la bailarina entre las infinitas sillas de madera y la buena música de las dos performances hasta que un fallo técnico a mitad de la segunda, Souvenirs, obligó a repetir la performance desde el principio. El fallo volvió a estar en el mismo instante y, ahora sí, el silencio puso en jaque al colectivo artístico evidenciando la falta de trabajo en equipo. La performance fue cancelada generando frustración entre todos: artistas y público. Con una sonrisa amarga nos fuimos de allí cabizbajos. En mi opinión, saber trabajar en equipo facilita el camino al éxito y es todo un reto en equipos multiculturales, de ahí mi rabia al ver como el ego de los artistas quiso apuntar a un miembro del equipo como culpable. Ya con la lección aprendida para el sábado, este grupo de amigos facilitaron con su montaje olvidarnos de lo mundano ocurrido en la noche anterior y, entonces, fue cuando el hombre creó belleza. Finalmente la poesía del arte se adueño del silencio regalándonos una velada intimista diferente a las otras muchas que la Torre de Juan Abad ofrece. Posiblemente un recuerdo que quedará marcado en nuestra memoria como si se tratase de una de aquellas noches gloriosas de los veranos de nuestra infancia. ¡Chapó!



Publicar un comentario

 
Top