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Carlos Chaparro (Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1977) ha investigado desde hace más de tres años la historia del Campo de Montiel a través de los retratos de sus vecinos, recuperando la vida y la obra de los antiguos fotógrafos. El hallazgo casi milagroso de ochenta negativos de vidrio ocultos, datados hacia 1900, despertó el interés de este historiador y documentalista de RTVCM hacia un fenómeno que hasta ahora no había sido estudiado en la comarca. Desde aquel día ha recuperado más de 1000 imágenes, de las cuales ha seleccionado cerca de 300 para confeccionar el libro que el próximo día 15 de noviembre se presenta en la Alhóndiga de Infantes, La Memoria en plata, cuidadosa y bellamente editado por la Biblioteca de Autores Manchegos, de la Diputación de Ciudad Real, acompañado a su vez un dvd con imágenes del Campo de Montiel en los años cuarenta. Una imprescindible aportación a la Historia de la Fotografía en nuestra región. Su autor nos desgrane en esta entrevista algo más sobre el origen y contenido de la obra. 


Pregunta.— ¿Cómo surge este libro? 
Respuesta.— En abril de 2011 tuve la fortuna de hallar en una cueva de Villanueva de los Infantes cinco cajas de negativos de vidrio junto a los restos de lo que había sido una cámara oscura (dos chasis, una prensa, el objetivo y el cristal esmerilado) y varios positivos de época. Tras un primer examen comprobé que se trataba de los negativos y los restos de la cámara de un fotógrafo que había trabajado en la ciudad desde la década de 1890 y que por motivos desconocidos decidió conservar. Desde 1910 habían permanecido ocultos en aquel lugar. Ni siquiera sus descendientes, en concreto una nieta ya fallecida, conocía la existencia de aquel tesoro. Las preguntas que me planteé entonces fueron las siguientes: ¿cómo llegan a ese lugar los negativos, quién era el autor, quiénes eran las personas retratadas? Estas preguntas, inevitablemente, me llevaban a otra: ¿cómo se introduce la fotografía en Infantes y cómo evoluciona hasta lo que yo tenía delante? Me ha llevado tres años resolver estos interrogantes. Como historiador creo haber dado una respuesta satisfactoria en el libro.



P.—¿Cómo es el proceso de introducción de la fotografía en el la comarca?
R.— La fotografía se introduce en el Campo de Montiel como en el resto de la España rural, de la mano de la élite de la sociedad que era la que tenía capacidad económica para costearse un retrato a mediados del siglo XIX. El primer retrato que he hallado en Villanueva de los Infantes data de 1863. Corresponde al diputado progresista Diego José Ballesteros que fue además alcalde de la ciudad durante el Bienio Progresista. No obstante para aquellas fechas el retrato ya era conocido en La Mancha. En 1852 se inauguró el primer gabinete fotográfico en Ciudad Real y estuvo abierto, posiblemente de forma intermitente, hasta 1863. Ambos hechos son sintomáticos de la existencia de una élite manchega culta que desde muy temprano demanda el retrato como forma de representación en detrimento de la pintura. Este fenómeno matiza en gran medida esa visión de La Mancha como  una tierra inculta, donde todo pasa y nada queda, que vertió la literatura regeneracionista y que otros autores parecen señalar también para los primeros tiempos del retrato. 



P.— ¿Por qué el título “La memoria en plata”?
R.— La fotografía desde su presentación al mundo en 1839 hasta la actualidad ha sido considerada como el archivo de la memoria, el espejo del mundo, y así hasta un sinfín de denominaciones que lejos de la retórica responden a las distintas concepciones que sobre un mismo objeto poseen aquellos que la contemplan. La memoria en plata es, tal vez, una denominación más de cuantas se han ingeniado para definir a la fotografía, pero como en aquellas tiene mucho de la concepción particular que sobre el fenómeno a lo largo de su historia poseo. La plata como símil de la importancia que la técnica tuvo en la evolución social de la fotografía. La plata es aquel elemento de la naturaleza cuyas propiedades sensibles a la luz permiten registran la imagen en un soporte. Y la memoria, como referente al significado cultural del fenómeno.



P.— Hacer historia de la fotografía es, en definitiva, hacer historia social, como se dice en el título del libro.
R.— Cuando observas los retratos de las personas se puede conocer la historia de su época. El retrato tuvo una importancia social muy importante, un carácter evocador, documental y por supuesto de prestigio. Son significados culturales que obviamente tuvieron su reflejo en la composición de la escena. Sólo hace falta saber leer en los retratos para desvelarlos y que el retrato, a su vez, nos aporte toda la información de la sociedad. En “La memoria en plata” se publica, por ejemplo, un retrato en el que aparece un hombre pisando un perro. La imagen nos remite a cuestiones de poder y prestigio y se refrendan cuando conocemos que la persona retratada administraba los bienes del duque de San Fernando, gran cacique del Campo de Montiel, en el siglo XIX, y que por tanto de él dependía el pan de muchas familias de la comarca.



P.— ¿Se abordan también aspectos como la técnica fotográfica?
R.— En gran parte de las obras sobre historia de la fotografía la técnica había quedado relegada a un segundo plano, o en muchos casos estaba ausente. Sin embargo su importancia es capital para entender la evolución social del fenómeno. Es algo que tuve la suerte de aprender de la mano del malogrado profesor Ángel Fuentes de Cía, en un curso sobre procedimientos fotográficos en el museo de Ciencias Naturales. La investigación que he desarrollado me sirvió para poner de manifiesto que la sociedad fue el verdadero motor de la evolución y el desarrollo de la fotografía y la técnica fotográfica, a su vez, estaba al servicio de las necesidades de la sociedad. En Villanueva de los Infantes, una población aislada geográficamente, la fotografía como hecho práctico comienza a introducirse en la década de 1870, pero sobre todo cuando la técnica permitió cubrir la demanda de retratos que para esas décadas ya existía. Esto se produjo en la década de 1880 con la industrialización de los materiales fotográficos. 



P.— Revisando el libro se observan que has investigado sobre otros temas muy novedosos en este tipo de trabajos de fotohistoria, ¿cuáles son?
R.— “La memoria en plata”, aparte de esta historia social de la fotografía que señalo, se adentra en el fenómeno del álbum fotográfico con el estudio de un libro de retratos de 1864 que perteneció a la familia Fontes y Ballesteros, de Infantes. Igualmente recupera el trabajo de los fotógrafos aficionados y la llegada de la cámara Kodak a la comarca. Pero tal vez el capítulo más llamativo es sin lugar a dudas el que se centra en la fotografía “”post mortem” o de difuntos. Fue una práctica más habitual de lo que se piensa y en Infantes tuvo un carácter evocador y documental. La toma de imágenes a los muertos estaba inserta en el ritual fúnebre de la ciudad. Por último también se estudia el postalismo, género muy frecuentado en aquella época.




P.— El libro se enriquece además con un interesante anexo en forma de dvd.
R.— Sí, la obra incorpora unos reportajes mudos, rodados, entre 1943 y 1948, en varios pueblos del Campo de Montiel, por el fotógrafo manchego y operador de cine, Julio Pinel Cano, hijo a su vez del fotógrafo Felipe Pinel (ambos aparecen recogidos en el libro). Son registros muy impactantes de una sociedad rural aleccionada por el nacionalcatolicismo de la dictadura, además de la carga sentimental o nostálgica que pueda significar. Es un documento excepcional que abre la puerta a la recuperación de otros similares y que pueden en la actualidad estar al borde de desaparecer. Empezamos a estar concienciados sobre la recuperación de los documentos fotográficos, pero no tanto de las filmaciones de nuestros padres y abuelos.  

Fuente: LanzaDigital.com

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